viernes, 25 de septiembre de 2009

Balderas

Un hombre entra y sale de su vida como si no le perteneciera. Puesto que el pertenecerse es un lugar sombrío, sin esperanza y ya casi sin vida. Un hombre entra y sale de un metro, camina, tiene una pistola como millones de hombres y mujeres en el mundo. Un hombre un día cansado de que rayen, pisoteen y arrastren a su país, decide ser él el que humille, arrastre, raye y mate. Ese hombre decide ser el que habla, el que sueña y el que sabe. Otro hombre decide ser él el que controla. Le matan. Otro hombre decide salvar la vida de otros, detener la caída, el lodo, los sueños decapitados. Lo matan. Tres hombres en juego, diferentes, en algo muy iguales: pocas expectativas ante y con la vida ya que sus sueños han sido arrasados, neoliberalizados, condenados. Tres hombres muertos. Uno de ellos en prisión.

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