Ahora que llevo un sano tiempo de lejanía con aquello que llaman "el medio literario, teatral" me parece que nunca los conocí... si en aquel momento tenían tan poco sentido sus percepciones y su concepción de lo que debía ser y no el arte, el teatro, la poesía... ahora que de pronto me encuentro con algunos textos o "posturas" me parecen todavía más insostenibles, más vacuos... más pérdida de tiempo aún el verles o leerles... buscar LA VIDA también es algo que he dejado de hacer. Dejar que LA VIDA fluya como es, "a su aire" dirían en España me tiene más alerta a cualquier movimiento o situación terrible, dolorosa o trascendentalmente indescriptible por su belleza o aurora. Me apena el ver cómo"grandes cerebros" un poco como el lamento de Ginsberg... se destruyen entre los tiempos... todos quieren demostrar y denostar algo, para destacar... no sólo por las becas y premios, que son las discusiones cotidianas... sino por "parecer". Me parece que cuidan cada palabra vertida en lo cotidiano, que no para depurarse sino para que sepan que "son artistas, creadores". Y encima se dicen peatones y que el tiempo de que los creadores se creían semidioses quedó atrás. Discusiones y más discusiones sin sentido que entran en los métodos corruptos de este país... es claro que el rubro artístico, cultural, no podía quedar fuera de la podredumbre nacional que infecta a todas las instituciones... acudo hacia un grupo de humanos que se dedican a "pensar", acudo a otros grupos que se dedican a sus oficios o profesiones, acudo a otros que son "artistas" y todos persiguen más o menos lo mismo: el dinero, el reconocimiento, el llamado "éxito" destacar... y algunos critican duramente las sociedades a las que pertenecen sin hacer absolutamente nada por cambiar las palabras con las que se dirigen al mundo... establecer un diálogo con los árboles es más sano, y puedes ser juzgado por hablar con las piedras, o por preferir hablar con el mar o las gaviotas que con los hombres... por supuesto que existen seres excepcionales, que laten al unísono de las flores, pero en general no son ellos quienes se dedican al arte o a la "creación" puesto que no necesitan de esos acicates para trascender... quisiera ser tan sabia como ellos, pero todavía me restan inquietudes en cuanto a la Poesía, al Teatro, al Arte, al Pensamiento, y desafortunadamente no puedo sustraerme para únicamente VIVIR... no hay fórmulas, ya lo sé, pero debe haber alguna forma de conjuntarlo todo para lograr el equilibrio del hombre de da Vinci...
jueves, 14 de febrero de 2013
domingo, 3 de febrero de 2013
sábado, 5 de enero de 2013
La brizna de hierba te recuerda la eternidad
A veces unas ganas endiabladas de morirse. De dejar todo, de pelear o de continuar con la condena y la felicidad de estar vivos. De pensar que fuimos hechos de huesos para que esos huesos se desbarataran. Ser un cúmulo de vísceras y encantos que se perfilan para la tumba. A veces azotar a todo lo que te rodea por su perversa necesidad de que te hundas, te des por vencido, descubras que naciste para eso: para morir. Llenarte de lugares comunes, patear las verdades absolutas de los "grandes" de los que en su momento ocupan los titulares y se llevan los laudos. De los que todo lo hacen bien, hasta vivir. Cuando uno ha sido la piedra donde se tropieza, el cordel, la equivocación máxima de la humanidad y se ha arrastrado por pasillos violentos de la oscuridad más nata, de la rebeldía más pura y más decantada entonces dan ganas de asesinarlo todo en derredor. Concluir con la tarea de exploración humana y dejarse llevar por los hilos aéreos de la eternidad. Y con unas ganas endemoniadas de vivir, así sea como personaje de Dostoyevsky, te aferras a lo VIVO y vives porque así debe ser y tienes que ser una forma más de VIDA que mostrarle al mundo y acariciar hasta a los animales más ferozmente humanos y cantar bajo un cielo tibio cuajado de estrellas que te recuerdan la belleza del continuar con todos los sentidos para mirar lo que bajo sobre y entre planetas labora. La necesidad imperiosa de contarlo cantarlo todo, hasta la más frágil ala del más minúsculo insecto que pueda barruntar entre la tierra. Y sabes que todo lo comprendes, que todo lo has sabido por anticipado pero que vivir era un presagio al que no podías renunciar. Y te abrazas en todas las dimensiones en las que estás por nacer, en las que has crecido y donde has muerto. Todo es un nudo irresuelto, todo es un principio y fin del que no te puedes desanudar y tus impulsos primarios o cultivados ya no existen has desaparecido bajo el influjo del peso humano que se conforma en existencia y te miras a los ojos por primera vez como si hubieras dejado de existir. Pero existes. Y te miras. Contemplas tus manos enredadas entre los hilos del destino. Y te conviertes en la que eras la que fuiste la que serás la que nunca has sido y nadie te puede ver porque nadie sabe de los cambios del alma y de su repicar eterno. Ante la vacuidad, decides ser quien coloque una nueva piedra un nuevo telescopio bajo el cual, pueda mirarse LA VIDA.
domingo, 28 de octubre de 2012
CRÓNICA DE UN VIAJE
Un amigo muy querido de mi Padre, me acaba de enviar esta Crónica. La disfrutamos muchísimo, por eso quiero compartirla. Es de Víctor Serge. Ver Guadalajara desde su perspectiva, cuatrocientos años después de su fundación: de pronto ver emerger a Lucha Reyes, María Izquierdo... es una nueva lectura para esa tierra que ahora está tan convulsa. Imaginarla tranquila, capital del arte. Gracias a Román Munguía Huato por este regalo.
Guadalajara (1942): Crónica
de un viaje*
Víctor Serge
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En cada viaje por estas tierras mexicanas, novedosas para
mí y tan llenas de sorpresas, encuentro esta sensación, potente como el
contacto directo con la verdad primordial, de la unidad y de la diversidad del
mundo.
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Un destino, dominado por grandes luchas, ya me ha dado
muchas patrias: Bélgica, Francia, la
URSS y me colma ahora haciéndome conocer México. El hombre de
este tiempo tiene tantos hermanos por todas partes aquí abajo, tantas tierras
instantáneamente en las nuevas caras más lejanas. En el tren que nos conduce a
Guadalajara en fiesta, pensamos, a través de los paisajes del sol, en las
batallas que se desarrollan en las nieves de Rusia, en la defensa de Singapur,
en la Grecia
hambrienta, en los pueblos de Alemania e Italia, conducidos por la tiranía, con
una prodigiosa energía, hacia la derrota, la desesperación y el renacimiento...
El mismo nombre de Guadalajara tiene para nosotros una doble significación.
Sabíamos, en Europa, que es el de una
ciudad feliz de México, fundada hace cuatro siglos por hijos ausentes de una
vieja ciudad española que descansa al pie de España; a principios de 1937 se
convirtió para nosotros en la más querida de todas, debido a una deslumbrante
victoria de los hombres libres en contra de la servidumbre. Milicianos
revolucionarios y aviadores soviéticos libraron una extraña batalla contra las
divisiones blindadas italianas, a las que inflingieron una derrota total. Fue
la primera victoria de la aviación sobre los tanques y de las milicias sobre el
rebaño superiormente armado de un estado totalitario. Por primera vez en
tierras de Guadalajara, los italianos evidenciaron que no estaban decididos a
luchar a favor de la servidumbre. Por un tiempo vivimos bajo la ilusión de que la URSS iba a salvar realmente
en España a una democracia nueva. Las batallas de Europa continúan. La antigua
Guadalajara sufre hoy día el terror y el hambre, pero también espera, espera
con los dientes apretados, lo sabemos. Nosotros vamos a descubrir, confiando en
nuestra intimidad en igual espera, la Guadalajara de México, que festeja la juventud de
sus cuatrocientos años.
El paisaje mexicano me es familiar
como si lo conociera mucho tiempo atrás, con aspectos repentinos de una
originalidad única: se debe a que conozco Rusia. La planicie de los valles,
extendida entre montañas azules, me hace pensar en las estepas. El viejo indio
en cuclillas, envuelto en su sarape, me da la impresión de ser como un hermano
del mujik barbudo vestido con cuero de carnero como los seytas,
igualmente acurrucados en las orillas de un camino de Rusia. Pero la planta
peculiar del paisaje mexicano es única. El cactus, el maguey, expresa una
energía vital organizada para resistir la aridez, la fuerza del sol calcinante,
el ataque de los animales, y sus siluetas producen una belleza singular. Las
escasas ciudades color de tierra evocan nuestros techos de paja y nuestras
casas de campesinos, hechas de madera negra, igualmente color de tierra. Desde
la puerta del hospicio (de) Guadalajara extendí la mirada para contemplar la
ciudad y experimente una grata sorpresa. La calle, ancha, enmarcada por
habitaciones bajas, de colores alegres, y que sube hasta las iglesias de estilo
barroco rodeadas de arboledas me recordó, de manera impresionante, a la vez
ciertos rincones de Moscú y la visión que guardo de Kursk. No se trata
solamente de semejanzas exteriores; corresponden a similitudes profundas, a
parentescos inequívocos. México, Rusia: países de vieja civilización agrícola
con un antiguo pasado cultural; aquí las culturas indias, probablemente ligadas
a Asia por Oceanía, allá la cultura
helénica-seyta ciertamente vinculada a la civilización del reino del
norte de Asia. Sobre este fondo inalterable, la aportación de la Europa cristiana,
enriquecida a su vez por la civilización árabe. Penetra en Rusia por el
caucaso, por Persia, con las caravanas que llegan del Asia central; penetra
profundamente en España y, a través de la conquista española, se evidencia
también en las industrias y en las artes de México. Aquí y allá las iglesias
son lo mas a menudo de ese estilo barroco que los jesuitas hicieron prevalecer
en el siglo XVII, pero en México algunas fachadas denotan una influencia
netamente morisca y detalles de escultura traducen al alma india.
Hace mucho bien llegarse a dar cuenta
de esta manera de la unidad del mundo de un extremo a otro de los continentes,
pues la conciencia de este hecho exige, a pesar de todas las matanzas, la
necesidad de la fraternidad humana.
Guadalajara,
capital del arte.
Me habían
dicho: “Vea las antiguas residencias, la catedral, los frescos de Orozco...”.
No me habían dicho que iba a encontrar en el estado de Jalisco una de las
verdaderas capitales del arte de nuestro tiempo –lo mismo que Samarcanda, con
sus mezquitas de otro tiempo, sigue siendo y será siempre una de las capitales
magnificas del arte musulmán. Una ciudad viviente que reúne obras únicas, de
una significación capital, ¿no tiene acaso para la civilización mayor
importancia verdadera que aquellas ciudades en las que residen lo gobiernos y
los bancos, a los cuales en geografía política
se les llama “capitales”? Guadalajara es sonriente y limpia, activa y
tranquila. Sus nobles fachadas de la época colonial, patinadas por el sol,
alegremente iluminadas en la noche, le dan una fisonomía graciosa, sin la
extrema tensión nerviosa de las grandes ciudades industriales. Es una ciudad
privilegiada.
Olvidemos por un momento, el recuerdo
obsesionante de las ciudades bombardeadas y tan sufridas de Europa, sumergidas
por la noche en las peligrosas tinieblas. Olvidémonos de pensar en las ciudades
destruidas de Rusia, donde todo un pueblo muere de hambre en medio de las
ruinas. Será necesario para rehacer el mundo una inmensa buena voluntad, un
ardiente pensamiento revolucionario, un sentimiento exaltado, lucido,
inexorable, de la justicia. Todo esto Guadalajara lo muestra cordialmente
gracias a la obra de José Clemente Orozco. La ciudad agrega las joyas de su
pasado a sus colecciones de arte indígena, esta obra tan actual que parece
completamente de mañana, tan revolucionaria que adquiere una significación
universal, tan profundamente mexicana que llega a ser simplemente humana... (Me
han asegurado de José Clemente Orozco ha introducido, en un fresco potente, la
caricatura de un hombre a quien yo admiro entre todos, y que ha glorificado en
otro a un político a quien yo nunca jamás sabría admirar... Pero su obra es tan
vasta y fuerte que tales perjuicios, en los que veo algo de ceguera, no llegan
a disminuir su valor. Evidentemente, el porvenir los ignorara). Se atraviesa el
gran portal tallado del palacio gubernamental, se entra al patio, se llega a la
gran escalera, se levanta la cabeza y se ve por encima de la vida cotidiana que
sube y desciende con sus pequeñas preocupaciones toda una batalla de titanes
desencadenada en altos muros y en la bóveda. El viejo Hidalgo de la
independencia la domina, con su intensa mirada de visionario, sus cabellos
blancos, su espada de fuego. La utilización de la bóveda para dar cabida a este
retrato simbólico ya constituye un admirable acierto. A ambos lados de la
escalera formas humanas suben, se entrelazan, llaman, luchan; el gigante
Hidalgo emerge de este caos como un Lenin. Nada de lo que el encarna esta
muerto; pienso en los hombres que, como él, se levantaran mañana, en grandes
grupos, en las tierras de Europa, blandiendo la misma espada de fuego...
Los frescos del hospicio tienen otra
intensidad de vida. Faltos de igualdad, con fragmentos engañosos, con audacias
de técnica y con insuficiencias incontestables, constituyen un conjunto tan
rico que aplasta... Uno se siente agobiado, entre estas paredes, bajo estas
bóvedas, por ideas en marcha, por sufrimientos siempre renovados, por una
bondad terrible, por una crueldad infernal. El artista ha querido abrazar toda
la vida de un país y de un largo momento de la historia. Los cuatro caballos
del Apocalipsis se encabriolan en las nubes, pero por encima de ellos, mas
temible, la bestia infernal de la industria moderna, caballo y caballero hechos
de maquinas modernas, se abalanzan... Una rueda de fuego gira sola sobre
tierras grises colmadas de hombres y maquinas... Inquisidores atormentan al
herético: Unos franciscanos enseñan; hay figuras sentadas, tan admirables, en
los ángulos superiores de los muros, que parecen esculpidas con la firmeza de
los bronces de Donatello. Alrededor de esta nave llena de visiones se extienden
losa corredores cuadrados del hospicio, el vasto patio pleno de arcos, otros
patios en los que juegan los niños por entre las flores. Y la cercanía de los
niños, la paz de los corredores, la vieja arquitectura de gran convento
aireado, se le agregan al acento de implacable verdad de la obra de arte.
El fresco y la bóveda del gran salón
de la Universidad
alcanzan también igual expresión, pero con otro valor; hay en el ángulo
izquierdo, en la parte baja del fresco, una batalla de textos, con una cabeza
de Marx con anteojos y libros mezclados con cuchillos. Aquello es audaz, en una
sala de estudios universitarios y ni la Sorbona ni las universidades de Oxford y de
Cambridge aceptarían. Hay que reconocer francamente el agradecimiento a
Guadalajara, ciudad que cuenta con la única universidad del mundo en la que sus
paredes registran tantos clamores provenientes de las luchas sociales. Es
lamentable no encontrar en Guadalajara algún fresco de Diego Rivera, a fin de
que la representación del arte mexicano se encuentre completa. Es fácil darse
cuenta de cuanto la
Revolución Mexicana ha suministrado al dominio del arte; una
renovación ejemplar. Por el momento, en este dominio, ha adquirido indiscutible
supremacía sobre la
Revolución Rusa , que de la pintura burguesa y del arte
religioso ha pasado al arte dirigido por los servicios de propaganda de un
comité central, lo mismo que al pensamiento dirigido, es decir, a la asfixia de
toda mentalidad libre. (Naturalmente, hay muy buenos artistas en la URSS , pero el arte oficial,
el único que puede vivir, impone la repetición inacabable del retrato del
jefe). Algunas vitrinas de los mercaderes de los Campos Elíseos de Paris me
hicieron comprender, no hace mucho, de toda la
decadencia de la pintura burguesa de forma definitiva. Veía paisajes
perfectos, perfectamente enmarcados; desnudos deliciosos, naturalezas muertas
armoniosas. Todo aquello era encantador, muy bien hecho, pero yo me preguntaba,
que es lo que le faltaba a esa pintura de salones, de comedores, de
departamentos lujosos. ¿Qué le faltaba? Sencillamente la vida, la vida en
verdad, la vida grande de los hombres que sufren, en marcha, en masa. Arte
anémico, arte egoísta, arte perfecto para algunos que solo se ocupan de ellos
mismos; este arte tiene su valor y él podría ser grande si estuviere vivificado
por el otro, pero aislado se extingue, pierde su sabor, a duras penas puede
producir una alegría visual pasajera. Los Diego Rivera y los Clemente Orozco
han vuelto a encontrar algo de esencial como el corazón de la tragedia griega:
es la suya una pintura que clama por todos los hombres, en nombre de todos los
hombres. Y ellos han podido realizar tal encuentro porque su pueblo estaba en
marcha y les ofrecía, con los muros de sus edificios, todos sus sufrimientos y
todas sus esperanzas. Gracias a estos pintores de grandes frescos, Guadalajara
y México son hoy día verdaderas capitales del arte, y mas aun, creo yo, del
arte futuro, que del arte moderno. Gracias a ellos, se han abierto los caminos
para la renovación de la pintura. ¿Qué artistas visionarios, recomenzando la
labor del Miguen Ángel de la
Sixtina , pintaran un día los frescos de la Europa en alumbramiento del
porvenir? Será menester que aquellos artistas vengan primero a México a
contemplar, para aprender, el vigoroso trabajo de Rivera y de Orozco
Gentes de esta tierra.
Hablábamos
de todo esto en una casa amiga, con otros dos artistas. Maria Izquierdo y el
pintor chileno Uribe. Unos caballos alazanes y negros se movían en el fondo del
jardín, unos grajos y unos cuervos de grandes alas negro azulosas volaban de
árbol en árbol mientras Maria Izquierdo nos mostraba unos gouaches
sobrios y coloridos, de una intensa expresión que pertenece a este arte nuevo y
no –¡a Dios gracias!– a aquel de los campos Elíseos (que por otra parte no se
debe confundir con la gran pintura francesa que tanto nos ha enseñado sobre el
hombre). Caballos placenteros bajo flores deslumbrantes, paisajes trágicos,
juegos de circo sin público, concentrando todo el drama en pocas formas;
algunos volúmenes, algunos colores (Izquierdo); retratos de niños sin nombre
(Uribe). Otro artista sin nombre, como estos niños tristes, nos maravillo en
Tlaquepaque, tanto mas porque no sabe que es un artista, un verdadero creador
de formas eternas, el humilde continuador de aquellos que han dado vida a las
primeras formas perfectas. Era tan solo un alfarero trabajando con su torno que
movía con el pie, por medio de una
cuerda. Ningún otro instrumento que sus dedos y ese disco giratorio. Un
poco de informe de tierra negra se transformaba mágicamente entre sus manos
para convertirse, después de algunos instantes, en un vaso sin defecto
semejante a los vasos griegos de las mas puras formas. Se percibía en sus mas
mínimos movimientos una maestría acrecentada por una tradición milenaria. Y
este alfarero me revelaba que una maestría única une a las artes primitivas de
este pueblo con la obra de sus grandes maestros.
Una noche, en el Teatro Degollado,
figuras de los frescos (de los de Rivera) se animaron de repente a una sala
entusiasta y fueron simplemente gentes de este país, con sus instrumentos de
cuerda, tal como tocan y cantan por las calles; fueron los mariachis, de
quienes aun no conocía ni la música ni el canto, vivientes entre todos. En
medio de ellos, una mujer erguida y esbelta canta su canto, alcanzando
inmediatamente las notas más vibrantes, entonando en ciertos instantes solo un
grito de alegría y energía. El arte muy simple de Lucha Reyes me pareció
inseparable de todo lo que acababa de descubrir: Inseparable del trabajo del
alfarero, de la paz luminosa de las calles de Tlaquepaque, de la muchedumbre en
las plazas, del dinamismo de los frescos, del fino perfil tenso de una Isabel
Corona, del maravilloso trabajo de los vidrieros que con la fuerza de sus
pulmones dan forma al vidrio incandescente...
Este contacto con
Guadalajara me ha servido para apreciar la extraordinaria unidad de estilo que
liga a las ciudades, a los seres, a las obras con una gran vitalidad a la vez
anciana, joven y profunda. Este país puede esperarlo todo de si mismo y un día
tendrá mucho enormemente tal vez, que dar a otros.
* Esta crónica fue publicada por
la revista Así (número 68), el 28 de febrero de 1942, México, D.F. El
texto fue proporcionado por Alejandro Gálvez Cancino.
“Víctor Serge
ofrece en este número y en estas planas, a sus lectores –dice Así–, un
artículo extraordinario. Serge, el gran escritor refugiado en México, estuvo
durante una semana en la ilustre ciudad que celebra el IV Centenario de su
fundación y, como presente para Jalisco, nos trajo este admirable reportaje en
el que palpita toda la vivacidad de su inteligencia periodística.”
***
Víctor Serge, hijo
de emigrantes revolucionarios rusos, nació en Bruselas, Bélgica, en 1890, y
muere en la Ciudad
de México en 1947. Su nombre civil era Víctor Lvovich Kibalchich. Serge es
reconocido –además de protagonista y testigo importante de la Revolución Rusa ,
hasta su destierro de la URSS
en 1936– como un gran escritor, poeta, periodista, ensayista e historiador.
Desde 1912, año en el que es encarcelado en París, hasta su muerte, vivió todas
las vicisitudes de un militante revolucionario. De sus obras traducidas al
español se conocen, entre otras: Memorias de un revolucionario;
Ciudad ganada; Lo que todo revolucionario debe saber sobre la represión;
El año I de la revolución rusa; La defensa de Petrogrado (Año II de la
revolución rusa); Literatura y Revolución; y la reciente edición de
la novela El caso Tuláyev. (Román Munguía Huato).
BIBLIOGRAFIA MINIMA
DE VICTOR SERGE (elaborada por Emilio Brodziak):
ensayos
políticos e históricos: Contra el hambre;
Durante la guerra civil; Los anarquistas y la experiencia de la Revolución rusa; La
defensa de Petrogrado (Año II de la Revolución Rusa ) [Editorial Transición]; Lenin:
1917 [Ediciones Transición, 1977]; Lo que todo revolucionario debe saber sobre
la represión [Editorial Era]; Soviets, 1929; Vidas de revolucionarios; El año I
de la Revolución Rusa
[Editorial Siglo XXI]; Literatura y Revolución [editorial Fontamara]; Dieciséis
fusilados. ¿A donde la
Revolución Rusa ? De Lenin a Stalin; Veintinueve fusilados y
el fin de Yagoda; Destino de una revolución; Reflexiones sobre el anarquismo;
Introducción a la obra: Los sindicatos soviéticos; El pensamiento anarquista;
El asesinato de Ignacio Reiss; La Revolución Rusa. Febrero-octubre, 1917; Vida de
un revolucionario; Dos reencuentros; Retrato de Stalin [rev. Vía Libre, núm.
11, Xalapa, Veracruz, febrero, 1988]; Hitler contra Stalin; La GPU prepara un nuevo crimen;
Guerra de transformación social; La tragedia de los escritores soviéticos; El
nuevo imperialismo ruso; Vida u muerte de León Trotsky; el oscuro viraje;
Memorias de un revolucionario [editorial El Caballito]; Carnets; La lucha de
clases en la
Revolución China ; Ensayos sobre la Revolución Rusa ;
Notas sobre la crisis de Alemania; Reportajes y artículos diversos; Escritos y
cartas de los tiempos de "la anarquía".
novelas y
cuentos: Los hombres en la prisión; El nacimiento de
nuestra fuerza; Ciudad ganada [editorial Joaquín Mortiz]; El blanco mar; El
callejón de San Bernabé; Medianoche en el siglo; Los últimos tiempos; El caso
Tuláyev [Ediciones del Equilibrista]; La locura de Yuriev; Los años
despiadados; El trópico y el norte.
poemas: Diversos; Resistencia; Canto de la paciencia y México (fragmentos):
Idilio; Manos; Para un brasero en el yermo; Mensajes. et.al: Historia de
Rusia [rev. Vuelta 87, febrero, 1984]. Poemas: confesiones; en otra parte...;
tiflis; ¿para que escribir un nombre?; muerte de Panait Istrati. Carta; Balance
de la reacción estalinista; ¿ A dónde va Stalin?; Las causas del imperialismo
soviético [rev. Plural. núm. 252. septiembre de 1992]. Cuadernos Victor Serge
[Núm. 1, marzo de 1984, Imprenta Madero]; Michoacán, Paricutín [Revista de la Universidad de México,
núm. 40, agosto de 1984].
sábado, 13 de octubre de 2012
RONDA DE MUERTOS en la Feria del Libro del Zócalo 2012
En la Feria del libro del Zócalo se estarán vendiendo "los últimos ejemplares" así me lo anuncia Tonatihu Mercado, de mi libro Ronda de muertos que publiqué en el 2005. Prometí hacerle difusión, y aquí estoy. Ja! y ante esto, recordé una reseña que hizo mi queridísimo Iván Cruz en aquel ya lejano y cercano 2005 y que fue publicada en Alforja, que lamentablemente debido a que la vida me ha hecho transitar diversos derroteros, perdí y me hicieron perder muchísimos libros y revistas. Entre las cuales se cuenta esta revista, así que no recuerdo en qué número apareció ni si fue en el 2005 o 2006 cuando se publicó, pero aquí va. Aparece bajo lo que de ahora en adelante denominaré como uno de mis seudónimos: Tanya de Fonz. Que es con el nombre con el cual se publicó también el libro. El prólogo y los dibujos interiores son de mi hermano Eduardo Gutiérrez de la Cruz. La pasta dura con decorado y rótulo pintado a mano son de Tonatihu Mercado.
Ronda de muertos
Iván Cruz
Desde
épocas remotas la poesía ha sido una forma de transmisión de la historia, de
los acontecimientos y heridas de la sociedad. Así la Ilíada canta las hazañas de los héroes en la cruenta e interminable
guerra de Troya, así en el siglo XIX buena parte de la poesía de Shelley está
inspirada por el celo de las reformas políticas y sociales. En México, la
poesía que habla de la historia, que nos habla de momentos cruentos se ha
presentado en autores como Guillermo Prieto, Carlos Pellicer, Aurora Reyes,
Efraín Huerta, Jesús Arellano, Thelma Nava, y el grupo de La espiga amotinada,
por mencionar a algunos. A esta estirpe de poetas se une Tanya de Fonz con Ronda de Muertos.
Este libro nos hace volver la mirada
al dolor de los hombres, la poeta asume el oficio de profeta, abanderado de la
condición humana y su dignidad. Tanya realiza una crítica al hombre de su
tiempo, pero esta crítica no se entrega al drama, al vituperio fácil, mucho
menos a largas diatribas discursivas, sino más bien a una violencia verbal
precisa teñida de sabio humor negro:
De silbido en silbido cantemos a los muertos
Música y melodía en ancas
Quien le pega la cola al
burro
Comida en el bosque con
piñatas
Salga lo triste como
colación
Alegre en fluvial bienvenida
Mesa y ponche
Canción de desbarrancados
De muertos apilados
En horno de microondas o
cremación
En lagers o guerrillas
Muertos de mármol, muertos
de mármol,
El que se despierte cuente
tres.
Ronda, ronda de la rueda de
cien mil
De millones o de diez.
El
que coma más, a más personas saltará.
Ronda de muertos es un poemario humano, en
el sentido de que se duele de la condición del hombre, de lo ensombrecido de su
destino, ligado al dramatismo de los sucesos. Tanya es una poeta que mira su
presente con desesperanza; una característica esencial de este libro es
precisamente su desesperanza, Tanya se desliga de los poetas del pasado que
escribían sobre el hombre y su situación social, precisamente porque sus poemas
están teñidos de una desesperanza que los anteriores poetas de esta estirpe
habrían negado. Tanya como poeta de su tiempo comprende que los caminos a los
que ha sido acorralado el hombre sólo permiten la protesta, la crítica, y a
veces el cinismo ante la imposibilidad de cambio de las cosas. Ya no se aspira
a que las cosas cambien, se aspira a acompañar, a solidarizarse con el dolor
del resto de la especie, de tal forma que la poeta dice:
Mi voz apesadumbrada se llena de dunas
Donde brota la arena como si allí hubiera nacido.
El sol se repliega ante mi vista.
Veo a todos mis muertos, sus ausencias y sueños
Que nunca debieron existir
Porque el sueño lo vivimos y lo demás son pesadillas.
Mi voz apesadumbrada se llena de dunas
Donde brota la arena como si allí hubiera nacido.
El sol se repliega ante mi vista.
Veo a todos mis muertos, sus ausencias y sueños
Que nunca debieron existir
Porque el sueño lo vivimos y lo demás son pesadillas.
Otro
aspecto a resaltar es la mención de figuras tutelares, de escritores, de
figuras históricas que Tanya menciona como sus mayores, así se suceden los
nombres de Rimbaud, Vallejo, Cuauhtémoc, Moctezuma, Sor Juana, Miguel
Hernández, Caravaggio, Otto René Castillo, Roque Dalton, Marina Tsvitáieva,
Anna Ajmátova, Elena Garro. Cabe resaltar que el hecho de que Tanya haga
mención de estos nombres cobra importancia debido a que hoy en día debido al
parricidio literario en boga, se quiere suprimir cualquier guiño que indique
influencia. De hecho estas referencias son puestas apelando a una forma de
originalidad, ya que reconoce que no podría existir algo distinto en estos
poemas sin la existencia previa del trabajo y vidas de estos autores.
Tiranizar tristes días de Caravaggio.
Miguel Hernández sale flotando alegre
Cuerpo de yunta insaciable.
Leer en las nubes
Saber escribir sobre el viento.
Otto Rene Castillo, quemaron su piel
Creyéndola palabra.
Roque Dalton, traicionando su traición en su coherencia.
Marina Tsvitáieva y Ajmátova
Perseguidas por rojos que no saben del blanco
Ni de la pureza.
¿Cual es la traición?
¿Como se mide?
¿Quien traiciona?
¿La palabra o la vida?
¿El cerebro o la conciencia?
¿Quienes nos traicionamos?
¿Quienes nos incendiamos?
Tiranizar tristes días de Caravaggio.
Miguel Hernández sale flotando alegre
Cuerpo de yunta insaciable.
Leer en las nubes
Saber escribir sobre el viento.
Otto Rene Castillo, quemaron su piel
Creyéndola palabra.
Roque Dalton, traicionando su traición en su coherencia.
Marina Tsvitáieva y Ajmátova
Perseguidas por rojos que no saben del blanco
Ni de la pureza.
¿Cual es la traición?
¿Como se mide?
¿Quien traiciona?
¿La palabra o la vida?
¿El cerebro o la conciencia?
¿Quienes nos traicionamos?
¿Quienes nos incendiamos?
En Ronda
de muertos, Tanya logra conjuntar el ambiente histórico y social con una
poética de la desesperanza, como pocos trabajos en la actualidad, invita a la
reflexión por medio de un estilo directo, desgarrado que continuamente increpa
al lector. Este libro de Tanya de Fonz es un trabajo sincero, honesto, que no
aspira a la estridencia ni al auto regodeo, y como toda obra de este tipo a
veces sufren el pago de la indiferencia, sin embargo, con mucho estamos ante un
poemario de alta factura poética de una de las poetas más comprometidas de la
actualidad.
Tanya de Fonz
Ronda de
muertos
Versodestierro-Editorial
Andrógino, México, 2005.
Y ahora que he podido releer cuanto dice Iván, pienso que la desesperanza se instaló de tal forma que ahora ya no hay ni esperanza ni desesperanza. Simplemente el tic tac incesante de LA VIDA del que ahora no me despego. Recuerdo que en aquel entonces parecían exageradas mis aseveraciones pero la realidad y más en este país, corrobora aquella desesperanza. Que comparto con Canto de cerdos y Coatlicue, que también escribí más o menos del 2002 al 2005. Cuántos muertos ahora ahondan estas cavernas llamadas México? dicen que hay 25,000 restos humanos sin ser reconocidos. Más de 150,000 muertos en lo que va del sexenio, miles de desaparecidos... en fin. Puedo pensar, ahora, con el tiempo, que mi desesperanza tenía esperanza de ver cumplida su razón. Lamentablemente. Aunque por otra parte, Oh Fortuna! que me hizo verlo con tanta anticipación, ya que ante esto, puedo decir con Cioran:
"Pero se cree un poco menos en las cosas que uno ha expresado. ¿Por qué? ellas se han desprendido de usted. En ese sentido, realmente el acto de escribir -como es sabido, todo el mundo lo dice- es una especie de profanación. Porque las cosas en que usted creía íntegramente, a partir del momento en que las has dicho, cuentan un poco menos".
Cuentan un poco menos? o se han contado de tal manera que te quedas sin dedos ni ábaco en un tiempo de calculadoras y ordenadores? Pues de silbido en silbido, sigamos cantando a los muertos, y sigamos haciendo rondas donde los huesos sean el estribillo.
Recuerdo. Re cuerda que estoy. Estaré y estaba. Cuánta cuerda para vivir cada etapa que ahora se cuelga al recuerdo. Desde una cuerda me cuelgo para mirar aquellos días en que este libro lo estuve vendiendo de mano en mano en donde me fue posible. En las calles de la colonia Roma, afuera de Bellas Artes (en un día vendí tantos que con eso pagué la renta del departamento de aquel entonces, me gané también una tatemada del rostro tremenda! y unos tragos con botana en una cantina del centro... ja!), vendí en los pasillos de la Feria de Minería... de hecho tengo sólo dos ejemplares y uno con pasta dura. De mis libros, es el que más rápido se ha movido, y eso que todavía quedan 10. Ja! y fue publicado desde el 2005. Ah! y por este libro también conocí a dos de los seres maravillosos que años después me rescataron de andar dando tumbos sin casa en la Ciudad de México: a Ovidio Ríos y Jaime Coello. Y digo a dos porque la tercera fue Jocelyn Pantoja. En algún momento me pensé San Pedro, con todas las llaves que ellos me entregaron. Otra cuerda me lleva a la Feria del libro del Zócalo. Allí me cuelgo desde el asta bandera, donde la miro: pobrecita! tan desgarrada, tan llena de hoyos por donde se filtra la sangre que empapa a toda la patria. La bandera me mira, avergonzada ante los honores que le hacen. Le digo que no se preocupe, que así es esto de los huesos y la carne. Le recuerdo de nuevo entre las cuerdas, aquellas palabras de Bulgakóv: "donde cae la sangre nacen viñedos". Las copas de vino que ahora nos bebemos provienen de esos viñedos. Como Bacantes, la Bandera y yo nos desnudamos en la plancha del Zócalo bañándonos con tinto mientras le cuento que durante algunos años estuve por allí, vendiendo libros en una feria, y que me encontré con mucha gente con la cual todavía convivo y que me hace creer que vale la pena seguir viviendo en estas tierras. Se ríe de una manera entre avergonzada y cruel. Quizá no me crea. Pero no me importa. Hace un tiempo dije que vendrían tiempos muy malos. Ahora digo que vendrán tiempos muy buenos. En ninguna ocasión me creerán, y es natural. La dejo que siga bebiendo. Ella lo necesita más. Si alguien tiene ganas de ver a la Bandera borracha, o adquirir uno de estos diez últimos ejemplares de Ronda de muertos, puede pasar a la plancha del Zócalo en los días de La Feria del Libro.
Afortunadamente, la poesía me sigue salvando.
Recuerdo. Re cuerda que estoy. Estaré y estaba. Cuánta cuerda para vivir cada etapa que ahora se cuelga al recuerdo. Desde una cuerda me cuelgo para mirar aquellos días en que este libro lo estuve vendiendo de mano en mano en donde me fue posible. En las calles de la colonia Roma, afuera de Bellas Artes (en un día vendí tantos que con eso pagué la renta del departamento de aquel entonces, me gané también una tatemada del rostro tremenda! y unos tragos con botana en una cantina del centro... ja!), vendí en los pasillos de la Feria de Minería... de hecho tengo sólo dos ejemplares y uno con pasta dura. De mis libros, es el que más rápido se ha movido, y eso que todavía quedan 10. Ja! y fue publicado desde el 2005. Ah! y por este libro también conocí a dos de los seres maravillosos que años después me rescataron de andar dando tumbos sin casa en la Ciudad de México: a Ovidio Ríos y Jaime Coello. Y digo a dos porque la tercera fue Jocelyn Pantoja. En algún momento me pensé San Pedro, con todas las llaves que ellos me entregaron. Otra cuerda me lleva a la Feria del libro del Zócalo. Allí me cuelgo desde el asta bandera, donde la miro: pobrecita! tan desgarrada, tan llena de hoyos por donde se filtra la sangre que empapa a toda la patria. La bandera me mira, avergonzada ante los honores que le hacen. Le digo que no se preocupe, que así es esto de los huesos y la carne. Le recuerdo de nuevo entre las cuerdas, aquellas palabras de Bulgakóv: "donde cae la sangre nacen viñedos". Las copas de vino que ahora nos bebemos provienen de esos viñedos. Como Bacantes, la Bandera y yo nos desnudamos en la plancha del Zócalo bañándonos con tinto mientras le cuento que durante algunos años estuve por allí, vendiendo libros en una feria, y que me encontré con mucha gente con la cual todavía convivo y que me hace creer que vale la pena seguir viviendo en estas tierras. Se ríe de una manera entre avergonzada y cruel. Quizá no me crea. Pero no me importa. Hace un tiempo dije que vendrían tiempos muy malos. Ahora digo que vendrán tiempos muy buenos. En ninguna ocasión me creerán, y es natural. La dejo que siga bebiendo. Ella lo necesita más. Si alguien tiene ganas de ver a la Bandera borracha, o adquirir uno de estos diez últimos ejemplares de Ronda de muertos, puede pasar a la plancha del Zócalo en los días de La Feria del Libro.
Afortunadamente, la poesía me sigue salvando.
Tanya Cosío
San Cristóbal de las Casas, Chiapas. 2012.
viernes, 7 de septiembre de 2012
¿Escribir cansa?
“Escribir no es un negocio serio”.
“Quiero que envidien mi alegría”.
Ray Bradbury
Siempre postergué la lectura de "mis contemporáneos" que no la de "los contemporáneos". Me acerqué en su momento a muchos que conforman el medio literario y artístico. Quería ver sus vidas, me interesan las vidas no sólo las obras. Cuando me acerqué a Eduardo Lizalde, viejo lobo de mar, descubrió de inmediato que no lo había leído. Me mandó a leer sus "memorias" o su "autobiografía" esto fue hace un par de años y es momento que todavía no busco ese libro al cual se refería. No me gustó su actitud. Además, la mano que estreché no me dijo nada. Sí pienso leerlo, pero más adelante. En cambio, cuando conocí a José Vicente Anaya del cual jamás había escuchado hablar, de inmediato leí sus libros. Era un hombre lleno. No sé si la edad (de ellos) influyó en mi percepción hacia uno y otro. Y como este caso, decenas, puesto que me acerqué a la mayoría de "los conocidos". También pude conocer un sin número de desconocidos que estoy segura permanecerán allí. En una ocasión recuerdo que me presentaron a Juan Domingo Arguelles, ahora no recuerdo su rostro. Nunca lo había leído hasta que llegó a mi vista un libro que por 20 pesos pude adquirir en un lugar insólito de Guadalajara, cuando acompañé a mi madre a sacar un acta y me desconcertó que allí vendieran libros. El título era atractivo: "Escribir cansa" me pregunté de inmediato: ¿qué tendrá que ver para él "trabajar" con "escribir" y cómo habrá entendido eso de "Lavorare stanca" de Pavese? lo compré hace dos años, quizá, y hasta ahora me decidí a no seguir postergando a mis contemporáneos. Una de las cosas que más me sorprendió de este libro es que el autor dice que la mayoría vivimos postergando la lectura de Shakespeare, de Wilde, en fin, de escritores que a través de cientos de años han permanecido. Esto no es verdad. Por lo menos no en mi caso. También me encontré con la anécdota del escritor académico que "todo lo hace por los puntos" y con la negativa de Juan Domingo a leer a ciertos autores que le obsequian sus libros para que los reseñe y con el alarde presuntuoso que hace sobre ciertos autores "reconocidos" que son sus amigos y sobre los que sí escribe. Pero entonces entendí a qué se refería con eso de "Escribir cansa". La labor de Arguelles es tan igual a la que lleva a cabo el académico puesto que él tiene que leer autores contemporáneos y postergar a los que el tiempo ya ha confirmado precisamente por el trabajo al cual se dedica. Puesto que no es lo mismo decirle a Wilde, por poner un ejemplo... que eso de la Balada de la cárcel de Reading es muy autobiográfico, ya que Óscar no le podría responder y entonces no lo podría convertir en la comidilla literaria ni le aplaudirían ni dirían: "ah, qué buen crítico destroza a todos, o a la mayoría, y no se mide en sus opiniones" y probablemente tampoco le darían trabajo en los periódicos. Porque por lo visto, para convertirte en un "buen crítico" hay que poseer un humor que raya en la crueldad. Así como no me gusta que pateen perros, gatos, o a mí, o que apedreen pájaros, así tampoco soy afecta a que se dañen sensibilidades a través de críticas soeces o mal intencionadas. El caso es que creo que muchos de mis contemporáneos sí deben coincidir con esto de "Escribir cansa" puesto que pasarse la vida escribiendo para ganar becas, premios, para gustar y ser aplaudido mientras se está vivo, debe cansar tanto como el tener que publicar para conseguir puntos. En cuanto a los incentivos, debo matizar. Puesto que se tiene la falsa idea de que cuando criticas dichos estímulos es porque estás contra ellos. Desde mi perspectiva es simplemente porque me parece sumamente vulgar y triste que se escriba únicamente para obtenerlos.
Prefiero callejear, andar las calles y detenerme.
Creo que continuaré postergando a mis contemporáneos.
viernes, 20 de julio de 2012
Sólo después de la mierda, del lodo, del profundísimo pozo oscurísimo que sacudió a la Tierra toda, al Planeta y a todos los Universos, sólo al escalar el golpe, al dolor que anestesia todos los dolores que torturan todo aquello que nos conforma, de la envidia, enojo, del odio que tortura a quienes te miran, sólo después de eso y de respirar con toda tu vasta tristeza al mundo, de ser azotada contra todas las paredes del conocimiento y la ignorancia, de la esperanza y los sueños, de la sangre coronándose como reina con todos sus muertos y descabezados sobre la Tierra, sonriendo macabramente Kali y sosteniendo al mundo con su bordón bordado de manitas y vaginas, de falos y pedacitos de cuerpos ante sus infames seguidores que como posesos gritan ante la caída de los otros, ante el dolor del otro, ante los cuerpos infamados de quienes no piensan como ellos. Sólo después de eso, veo emerger al Sol con toda su Fuerza, al Amor que emerge con toda su desesperación loca amasándose los cabellos, recogiendo a los pocos cuerdos que le quedan a esta gran cuerda que es el mundo, sólo después de eso, estalla en mí, LA ALEGRÍA.
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