domingo, 30 de marzo de 2014

HELENA PAZ (esto lo escribí en febrero, y hoy me entero de la muerte de mi Querida Helena)

Helena Paz o una locura creada








para Yatzil del Carmen

A UN JOVEN
Era tan joven
que todas las primaveras del mundo
se habían dormido sobre su frente.
Helena Paz

Helena Paz Garro. Mujer políglota, sensible, culta y atractiva. Nació en la Ciudad de México en 1938. La mayor parte de su vida transcurrió al lado de su madre, fue su eterna acompañante. Cuando Octavio y Elena Garro murieron, ella quedó bajo el cuidado de su primo, Jesús Garro, del cual contaban historias tremendas, como aquellas ocasiones en que a ambas “Chucho” las golpeaba o a decir de Elena, Jesús había tomado a Helena “como su mujer”. Precisamente los últimos años, según dicen, la encerró en un siquiátrico disfrazado de asilo. Allí vive en este momento, en la Ciudad de Cuernavaca. Dicho hombre es el benefactor tanto de las regalías de Elena Garro como de la miserable pensión que le asignó Marie-José Paz  a Helena tras la muerte de su padre (tal parece que Octavio contempló una pensión más elevada). Es cierto que no es tarea fácil el cuidar a esta pequeña que se salvó dentro del cuerpo adulto. Sus reacciones pueden ser temibles. Sólo una niña puede describir de esta manera la relación con su gato:

BLANCO COMO UN MERENGUE

A Coli, mi gato blanco

Blanco como un merengue,
blanco como el gato de Alicia,
dulce como crema batida,
dos estrellas de arena adornan su frente
constelada de Edelweiss.
Ligera como una nube en un cielo de verano,
mi pequeña Coli nunca me ha arañado.
Me mira: con su ojo tuerto que eternamente sangra.

N.B. El gato de Alicia en el país de las maravillas
Cuernavaca, 1995


Este verso del ojo tuerto que eternamente sangra me remite a su niñez. A la edad de tres años la violó Pepe, el segundo esposo de la madre de Octavio Paz. Ella lo relata en su libro Memorias:
“Tendría unos tres años cuando, en una ocasión me vi envuelta en una tragedia. Pepe me tomó en brazos y me llevó a casa de mis padres. Yo echaba sangre por mis genitales. Era domingo y estaba toda la familia Garro: mi tío Albano, el hermano menor de mi madre, entonces muy joven, mi abuelito José Antonio, mi abuela Esperanza y mi tía Deva con Guerrero Galván, su esposo. Sin contar a mis papás. Llamaron enseguida al doctor Buckardt, un pediatra suizo que se ocupaba de mis primos y de mí, cuando por casualidad yo estaba en casa de mis padres. El doctor se alarmó mucho. -sí…- Esta niña ha sido violada repetidamente y, además, tiene una gonorrea ya antigua. Mi abuela Pepa y Pepe quisieron acusar a mi tío Albano. Mi abuelo José Antonio, que pertenecía a la pequeña nobleza asturiana, los contuvo. ¡De esta casa no se mueve ningún hombre! -dijo con energía-, nos vamos a hacer, todos, la prueba de gonorrea. Pepe viéndose atrapado respondió con cinismo: -Es inútil. Yo la tengo hace años es incurable- y casi corriendo, junto con Pepa se largó de la casa de Saltillo. El imbécil no sabía que ya había cura para la gonorrea. Entonces, me quedé con mis padres, y recuerdo que mi abuela Esperanza y mi tía Deva me llevaban al consultorio del doctor Buckardt. Ahí me sentaban sobre una mesa. Tenía los genitales desgarrados y el médico me cauterizaba con hierros candentes; mi llanto era interminable, era algo muy doloroso. Esas violaciones y el tratamiento me dejaron estéril. No obstante, tan pronto estuve curada, mi padre me volvió a llevar a vivir a casa de su madre, y me volvieron a contagiar la gonorrea. Pepe era un enfermo sexual”
Al conocer este libro “Las cabezas bien pensantes” como atinadamente las llama Elena Garro, comentaron con indignación que se descalificaba al gran poeta Nobel Mexicano y además las tildaron de “Memorias del corazón”. Para la crítica son chismes que no aportan “nada” a la literatura y a los dos grandes escritores Elena Garro y Octavio Paz. Así que desacreditada una vez más, primero en su infancia con este episodio doloroso y después por los lacayos de Paz que aún le sobreviven. Es una vergüenza hacer tanto hincapié en la locura de Helena Paz y no querer tocar la estupidez de Octavio. En fin, “Premio Nobel” de literatura, que no humano, así que a las claras deberían de estar tanto los desequilibrios de la madre, de la hija y del padre como de cualquier otro ente literario. O simplemente dejar en paz a todos y sólo percatarse de “la obra”. Las Memorias de Helena Paz Garro publicadas por la editorial Océano en el año 2003 fueron retiradas del mercado. De tal forma que es imposible encontrarlas en librerías. Probablemente la mano “Marie-José” lo hizo, probablemente los lacayos, o confabulados. Injusticia tras injusticia. No le concedieron vivir con su inteligencia deslumbrante. A muy temprana edad la asesinaron con el título de “loca” y no le permiten el consuelo de mostrar la visión de la hija de “dos genios”. Brotaron por allí voces de la ignorancia que pretenden ese libro “se lo escribieron”. Con anécdotas como esta me queda claro que no es la literatura la que habla sino el mercado. Quizá en otros tiempos no fue así, pero lamentablemente estamos en épocas profundamente oscuras en las que ya no pretenden ni tamizar la violencia generalizada contra todo lo sensible. Helena sí practicó el desarreglo de los sentidos del que hablaba Rimbaud. Arthur es su poeta favorito.

Sin apenas saberlo, Helena heredó de sus padres lo mejor pero en cuerpo de mujer. Quizá, si hubiera sido hombre, otra historia estaríamos contando. Qué tal pensar en un “Octavio Paz Garro”. ¿La indiferencia hacia su obra sería la misma? probablemente admirarían que siguiera los pasos de padre y madre. Pero fue mujer y mexicana, para coronar sus desgracias. Uno de los pocos escritores que desde siempre apoyó a “Las Elenas” fue y es René Avilés Fabila, quien publicaba poemas de Helena Paz en el periódico unomásuno. Y quien comenta:
“Memorias, es sin duda el mejor de los testimonios personales que se han dado en las letras latinoamericanas. Es un libro duro, no es complaciente en sus recuerdos, hay palabras severas para el padre y velados reproches a su madre. Escrito con elegancia, con una prosa trabajada, reconstruyendo una vida incierta, de vaivenes y pugnas para ella apenas justificadas y justificables, la escritora nos ofrece su asombrosa vida, llena de claroscuros. Me parece que sólo los diarios de Anaïs Nin pueden compararse a este libro”.
Paz Garro una inteligencia lúcida, un espíritu irónico. Conoció a Yukio Mishima en Japón cuando su padre era embajador y ella cuenta que aparece como personaje de la novela “El pabellón de oro” y que él le regaló una muñeca japonesa. Helena es una invención de la invención de dos invenciones que se fusionaron y que al no reconocerse estallaron. Existen quienes enloquecen para no ver su dolor. Y a quienes el dolor enloquece de tal forma que pueden permanecer en la frontera de la locura con saltos incesantes a lo cotidiano. Helena pertenece a los segundos. Dejemos que nos hable del tiempo:

EL TIEMPO

El tiempo no nos conduce a otra región
más allá de nosotros mismos
y de nuestro mundo de árboles verdes;
más allá de la tierra y de los astros,
a través del cielo cuyos ángeles cantan
como copos de lana.
El tiempo, huso blanco e inmóvil
no nos devana.
Los lentos paseos de las damas medievales
vestidas de verde,
hojas más que rosas en el jardín de la torre,
y las almenas de donde a veces se asomaba el duende
con su mandil de cuero, al cual nadie había podido
robar su tesoro.
Y el sueño del muchacho bajo un rosal en flor.
Pastor, pastor, ¿no has visto pasar aquí a la belleza?
Está vestida de raso blanco,
en sus dedos guantes rojos
y su cabellera flotando al viento
tiene el olor de la mejorana.
El tiempo nos ha fijado en el espacio
entre las cuatro paredes de un cerebro
que no puede imaginar mundos sin tierra y sin
agua,
la exhalación de la luz,
los torrentes infinitos de las vías lácteas
resbalando por el cielo,
la sombra plateada de la niebla,
el espíritu irisado del éter que silba
en columnas de cristal,
y las almas acorraladas de los animales
-los ciervos, los conejillos, que vagan por otro
bosque-,
y los planetas dorados
que habitan los ojos de los gatos,
y el amarillo triunfante,
el amarillo espectro del sol
donde se pierden todos los gritos.

N.B.  Versos de una canción medieval francesa.
París, 1960.



 Este poema lo escribió antes del terrible exilio al que se vieron confinadas en 1968. Después del movimiento estudiantil se fugaron. Y el miedo comenzó a cercenar su cordura. Se convirtieron en “las incómodas” dentro del ámbito intelectual de dudosa izquierda. Compartieron persecución, olvido e indiferencia. Las enjuiciaron injusta y cobardemente. Elena y Helena después de retornar a México en los noventas, poseían esa desesperación de Jacques Brel en “Ne me quitte pas”. Como si creyeran que en algún momento el país, “las cabezas bien pensantes”, descubrirían el error que cometieron contra ellas y consolarían sus heridas. Jamás pasó. Helenita nunca alcanzó “su isla”.

MI ISLA

Mi isla de oro
tan próxima tan lejana.

La acerco con mis olas.
Busco adivinar lo que encierra su frente
para alcanzar el núcleo de sol
en que se reabsorbe su ser,
las playas blancas de sus pensamientos,
la risa en su alma rumorosa de pájaros.
Se aleja
se convierte en una minúscula canica de oro
y rueda bajo la puerta
para siempre.

París, 1982

Para el entorno inmediato en el que se crió, era más importante la aceptación de los grupos de poder que el sutil tintineo del alma. Después de su largo exilio, las confinan al olvido y son rechazadas por el círculo literario mexicano. Inician una tremenda confrontación. Los insultos que alternaban en francés y español eran terribles. Por fin la condena cumplía su propósito. Ni entre ellas estaban tranquilas. El dinero siempre era insuficiente, las publicaciones de la obra de Helena Paz Garro no aparecían por ningún sitio. Publicó en Francia dos poemarios, uno de ellos con prólogo de su amigo Ernst Jünger. Tiempo después de que sus padres murieran, por fin pudo ver publicado su primer libro de poemas en México, bajo el título “La rueda de la fortuna” en el FCE con el prólogo de Jünger. Helena solía decir que era “la mierda de los dos genios”. Para los intelectuales que en su momento las deploraron el ver cómo se sumían en la desesperación y la locura era el pago justo a la traición. Así que muy pocos se conmueven ante el dolor de Paz Garro. Pero la obra siempre se abre camino. Su historia es todavía más cruel que la de su madre, puesto que a ella la llevaron a circunstancias límite no sólo la sociedad sino que también sus padres con la tremenda presión que ejercían contra ella: tal parece que pretendían aniquilarla. A pesar de ello, Paz Garro posee una percepción sobrehumana y una delicadeza extrema. Su cuerpo palpita entre recuerdos y escritos. Vive con absoluta desesperación el perpetuo desprecio hacia su persona y obra. El ansiado reconocimiento tal parece que nunca llegará. Y sin embargo aún lo busca. La condenada a vagar por laberintos:

ME DIJERON
A Gonzalo Valdés Medellín
Me dijeron
que no podía salpicar de sol un lienzo
ni lanzar un puñado de barro
y algunos ramos sobre un cuadro
para crear un bosque.

Mis manos
no podían convertir el marfil en un cuerpo,
posar alas de libélula
sobre palillos rojos
para hacerlos girar al menor soplo;
acumular
columnas, escaleras, calles,
hasta construir una ciudad.

Poner un andamiaje a la armonía de los planetas
y de las vías lácteas,
con esqueletos de hilos de oro
y jaulas para la luna
donde duermen nuestros sueños más profundos.

Ya que, mujer, debía errar
en nuestros laberintos interiores.
¡Eterno Minotauro!

Nueva York, 1959

A temprana edad lo aprehendió y muy pocas personas en el mundo se pueden jactar de conocerla. Sólo saben de las groserías y escándalos que orquesta. Hablan de “su locura” y les satisface que la hija de dos grandes de la literatura esté perdida. Como si el talento con los hijos se tuviera que pagar. No perciben la ternura, la viveza, la risa franca que estalla en rocío cuando se alegra. Menos aún a la poeta delicada y enigmática. La mujer de las batas de seda, los gatos, y la mirada extraviada que se puede extasiar en una contemplación. La única hija del único premio nobel de literatura mexicano. Octavio, a pesar de los pesares, la quería. Octavio Paz jamás supo amar a las Elenas, porque eran mujeres del futuro. Pero siempre las procuró, siempre, hasta el momento de su muerte, veló por ellas. La hija de la creadora del realismo mágico. ELENA PAZ GARRO, la poeta, la escritora, con la que puedes pasar horas interminables conversando de las cosas más triviales y espirituales. Tiene la teoría de que Greta Garbo era la Zarina. Católica y lectora de tarot, la que tuvo que esconderse durante tanto tiempo que cuando quiso salir ya era tarde. Abandonada. Cumpliendo los “Recuerdos del porvenir” de su madre, quien escribió en 1980:

HELENA PAZ

Sola
Sola una decena de años
Años sin arco iris, sin lluvias
Sin jardines, sin comida.
Ella es mi espejo
Yo soy su espejo
Y no existe nada más
Sólo el hambre que ronda
los muebles alquilados
guardados por las cuatro paredes alquiladas
Helena no ve rosas
ni jazmines
ha olvidado los pinos
Alguna vez presidieron su casa
Esto sucedía en la otra vida
Ahora Elena es sombra
perdida
en la ciudad repetida
cuyas calles jamás desembocan en el campo
Alguna vez
en la Morgue
frente a las mesas niqueladas
cubiertas con sábanas
estuvo tiritando de frío
oliendo los trozos de cadáveres
que llevaron nombres conocidos
encerrada
herméticamente encerrada
para librarse de los asesinos
de rostros oscuros
La noche no fue más larga
que las noches que han seguido
ignora los días
aquella era una noche de domingo
que terminó en la mañana sedienta
de un sediento lunes.
Ahora
en esta noche ardiente
encerrada entre cuatro paredes
sola
sin cadáveres cubiertos en las mesas
sigue siendo:
¡Loca! ¡Loca! ¡Loca!
Los encargados de la cultura se reúnen
brindan
y esperan el gran entierro colectivo
Hay que morir en masa
la muerte es colectiva
la muerte privada es un prejuicio
Sólo se festeja
La muerte del Gran jefe
y Helena espera
la ejecución en masa de los desheredados
sin lápida, sin cruz, sin nombre
Aquí no ha muerto nadie.

Domingo, 22 de junio de 1980. En la noche cuando Helena duerme y yo velo.
Elena Garro


Helena Paz padece su talento y el de sus padres. Sus poemas los guardaba en bolsas negras de basura. Esperando un editor que se interesara por ellos.  La “última de sus joyas” es un libro elaborado de manera artesanal que contiene 23 cartas, escritas a “manguillo” por Octavio Paz a Elena Garro, en 1935. Pretende publicarlas para allegarse de recursos. Helena Paz:

LA LÁMPARA

Soy un libro abierto de mil páginas
sobre el que se columpian
antes de alcanzar sus sombras
las hojas del otoño.

México, 1954
Tanya Cosío
Guadalajara, Jalisco, México.
Febrero 2014.

lunes, 3 de febrero de 2014

Carmen Mondragón o Nahui Olin retorna al punto de partida




Mi nombre es como el de todas las cosas: sin principio ni fin, y sin embargo sin aislarme de la totalidad por mi evolución distinta en ese conjunto infinito, las palabras más cercanas a nombrarme son NAHUI-OLIN. Nombre cosmogónico, la fuerza, el poder de movimiento que irradian luz, vida y fuerza. En azteca, el poder que tiene el sol de mover el conjunto que abarca su sistema, pero, sin embargo hace siglos que existe mi substancia sin nombre alguno va evolucionando y hace siglos y ahora mismo que no tengo nombre y voy marchando sin descanso alguno en un tiempo sin fin y soy en una faz distinta el sin principio ni fin de todas las cosas.
Carmen Mondragón

La primera vez que escuché hablar de Carmen Mondragón, fue cuando estudiaba teatro y asistí a una reunión de los que entonces eran mis compañeros y un chico que me parecía un tanto alocado me dijo: “te pareces a Nahui Olin” y quienes estaban allí asintieron. Para mí esto no significó insulto o alabanza. Me quedé disparatada, como era, pensando en que yo siempre me parecía a alguien o alguien a mí. Sólo pensé: “Qué poco original soy”  en otra ocasión ya me habían dicho que me parecía a “Mariana” el personaje de la novela autobiográfica “Testimonios sobre Mariana” de Elena Garro y tampoco conocía a Elena cuando me lo dijeron. Así que algo muy bueno descubrí después de cada comparación. Me puse a investigar a Nahui, buscar una fotografía… y al verla era absurdo pensar que me parecía a ella. Con esos ojos tan hermosos y tan verdes. Antes comprobé que tampoco me parecía físicamente a Garro. Así que probablemente los demás veían en mí una locura extraña, o quizá un toque de olvido. Algo me insinuaba el destino con cada comparación y poco a poco lo desentrañaba. Decidí que no quería ser como ellas. No quería terminar mis días sin creer en nadie.
Con sorpresa descubrí que estuvo casada con Manuel Rodríguez Lozano, un pintor al que siempre admiré. Tal parece que Carmen en cierto momento descubrió que Rodríguez era un homosexual reprimido que soltó amarras al estar en Europa. Se había casado con ella por ” las apariencias” y habían tenido un hijo. Al cual, dicen, ella ahogó cuando era muy pequeño. Quizá allí detonó su piedra de locura. Siendo como era hija de un general, debe haber sido mucho lo que peleó para convertirse en la mujer que fue. Nunca le permitieron divorciarse de Manuel. Carmen al final de sus días vagaba por el centro de la Ciudad de México y decía que era la dueña del sol.



Carmen Mondragón nació en la Ciudad de México en 1893. Gran parte de su formación la vivió en Francia. Por órdenes de Porfirio Díaz su padre radicó por un tiempo en Europa. Carmen nació del sol y llegó para iluminar una época oscura. Ahora vemos como un tiempo muy luminoso el muralismo, como unos años llenos de talentos y mujeres provocadoras: Frida Kahlo, Tina Modotti, Guadalupe Marín, María Izquierdo, Antonieta Rivas Mercado, entre otras. Pero si la sociedad actual aún es absurdamente machista, el sólo imaginar cómo fue para ellas me estremece. Quizá por eso tanto Frida como Nahui crearon un sin número de autorretratos. No era posible conocerse en medio de tanto oscurantismo. A las mujeres que tienen diversos amantes y se desnudan para posar en fotos o pinturas las llaman locas, putas, zorras, exhibicionistas. Tal parece que no se puede romper con los atavismos eternos y se les debe conceder el título de loca a las mujeres que van en contra de lo estipulado. Lo cual es absurdo. Como si no pudiera existir la posibilidad de ser mujeres y personas. Sólo mujeres y putas o mujeres y locas. Tal parece que las costumbres se han vuelto livianas pero la lengua de las sociedades sigue siendo viperina. A Carmen se le atribuyen innumerables amoríos entre los que destaca puntualmente el que vivió con el pintor y escritor Gerardo Murillo a quien Leopoldo Lugones bautizó como Dr. “Atl” (agua). Murillo, a su vez, nombró por primera vez a Mondragón como Nahui Ollin.




Según cuentan algunos estudiosos de las culturas prehispánicas el símbolo “ollin” fue el último de los soles cosmogónicos que vivieron los antiguos mexicanos llamado “nahui ollin” y su representación más detallada se encuentra en la piedra del sol. También dicen cosas como esta:
“La palabra ollin, nombre del decimoséptimo signo de los días, abarca todos los sentidos de la noción de movimiento o movimiento perpetuo traducible también por “terremoto” o “temblor”. En su etimología muestra que en un sentido primario el moverse se concibe en relación a los movimientos de la tierra y a lo humano. La raíz ol de la que se deriva ollin, está también contenida en las voces nahuas correspondientes a “pelota” y “hule”, por lo que ollin expresa ya siempre el sentido de “moverse en redondo”, acción en la que el objeto retorna al punto de partida. (un ciclo)”.
Carmen firmaba “Olin” lo cual aparentemente no significa nada, puesto que el símbolo es “Ollin”. Pero ella siempre vivió con el significado de las cosas y no con los nombres que se eligieron para denominarlas. Olin es el eterno movimiento, el temblor que retorna, el volcán en eterna erupción.
Murillo estudió vulcanología. Es reconocido como paisajista y fueron los volcanes uno de sus principales temas a pintar. En Mondragón reconoció la fuerza que los volcanes pueden manifestar a través de lo humano y se entrelazaron a través de los cuerpos con la fuerza que estos elementos poseen. A veces el fuego pretendía acabar con todo, y el agua terminó por inundarlos.
La pintura de Mondragón fue clasificada como “naif” y su obra poética no es muy conocida. Así que algunos dicen que sólo fue “una mujer sensual y atrevida que se desnudó”. Carmen no sólo rompió con lo establecido sino que conectó con su ser interno y le permitió fluir. Amó, detestó, vivió relaciones tormentosas como la que tuvo con el “Dr. Atl”. Se dice que cuando vivieron en el ex convento de La Merced Nahui armó escándalos terribles por celos. La posesión únicamente se entiende cuando es masculina. Cuando es una fémina la que se atreve a ser dueña del cuerpo con el cual experimenta placer, es una desenfrenada que no entiende de libertades. A Olin era imposible contenerla. En las fotografías para las que posó podemos admirar su cuerpo lumínico y sus ojos de lámpara aguzada. Se desdobla. Podemos mirarla mientras ella nos ve. Al final de su romance, Carmen le escribe a Murillo:



“Odio a los cobardes como tú porque yo soy franca, sincera, brutal como to
do lo que es grande, como todo lo que es único”
Y esa mujer única y grande tendría su declive al encontrarse con el hombre que nombran como su último amante conocido, el capitán de barco Eugenio Agacino y Martínez, que tal parece murió en el mar. Por fin se ahogaba Carmen Mondragón. A los diez años, escribió:
“Soy un ser incomprendido que se ahoga en el volcán de pasiones, de creaciones que no pueden contenerse en mi seno, y por eso estoy destinada a morir de amor, del único amor para el cual mi alma fue creada a soportar y para el que debo ser la vestal más fiel en mi templo sagrado de amor. ¿Pero qué es lo que digo? Soy dichosa y no lo soy: ¿Por qué no lo soy? No soy feliz porque la vida no ha sido hecha para mí, porque soy una llama devorada por sí misma que nada puede apagarla, porque no he vivido con libertad la vida privándome de los derechos a saborear los placeres, siendo destinada a ser vendida, como las esclavas en otros tiempos, a un marido. Protesto, a pesar de mi edad, por quien está bajo la tutela de los padres.
—Pero ¿para qué ser tan comprensiva, tanto, si se me obliga a vivir primero bajo la tutela rigurosa de mis padres y luego bajo la de un marido? Así, la mujer se convierte en un problema social bien resuelto para la conveniencia de los gobiernos y de las costumbres.
—¿Por qué la libertad o la ilusión fueron creadas para cualquier hombre o ser viviente y pensante? Si yo no tengo derecho a ellas, ¿por qué he sido creada consciente de lo que me pertenece?”






Después de la muerte de Agacino comenzó a vagar. Fue maestra de dibujo en una escuela primaria, murmuran que se prostituyó y que era “el fantasma del Correo Mayor”. Vivió hasta sus últimos años en una casa vieja que le heredaron. Cuentan que sus cobijas estaban conformadas con las pieles de sus gatos muertos. Cual Penélope las cosía. Esperando, quizá, que retornara Eugenio… o sus gatos. Seguramente seguía conversando con ellos al dormir.
Olin publicó cinco libros (tres poemarios, un ensayo de carácter filosófico y un libro de apuntes y reflexiones científicas), fue caricaturista y pintora. En el 2012 apareció un libro donde compilan su obra: “Nahui Olin. Sin principio ni fin”. La autora, Patricia Rosas Lopátegui (curiosamente también publicó un libro sobre Elena Garro) nos dice: “una de las escritoras y artistas más importantes de la vanguardia mexicana, quien rompió con los parámetros patriarcales, artísticos y literarios en los años 20 y 30, dejándonos una amplia y brillante producción poética, prosística, epistolar, pictórica y fotográfica, esta última como modelo de por lo menos, dos de los fotógrafos más relevantes de su época: el estadunidense Edward Weston y el mexicano Antonio Garduño”. Aún no he leído los libros publicados por Lopátegui pero las coincidencias me harán leerlos.
Carmen Mondragón murió en la Ciudad de México a los 84 años en el año 1978. Es una de las artistas más interesantes de México puesto que en un país en el que las apariencias son lo fundamental y el engaño es lo cotidiano, sorprende al ser tan brutal describiendo a las mujeres:
“BAJO LA MORTAJA DE NIEVE DUERME LA IZTATZIHUATL EN SU INERCIA DE MUERTE”
Bajo la mortaja de leyes humanas, duerme la masa mundial de mujeres, en silencio eterno, en inercia de muerte, y bajo la mortaja de nieve
son la Iztatzihuatl,
en su belleza impasible,
en su masa enorme,
en su boca sellada
por nieves perpetuas,
por leyes humanas.
Mas dentro de la enorme mole, que aparentemente duerme, y sólo belleza revela a los ojos humanos, existe una fuerza dinámica que acumula de instante en instante una potencia tremenda de rebeldías, que pondrán en actividad su alma encerrada, en nieves perpetuas, en leyes humanas de feroz tiranía. —Y la mortaja fría de la Iztatzihuatl se tornará en los atardeceres en manto teñido de sangre roja, en grito intenso de libertad, pues bajo frío y cruel aprisionamiento ahogaron su voz; pero su espíritu de independiente fuerza, no conoce leyes, ni admite que puedan existir para regirlo o sujetarlo bajo la mortaja de nieve en que duerme la Iztatzihuatl en su inercia de muerte, en sus nieves perpetuas.
Nahui Olin era visionaria. Sabía, al igual que Rimbaud, que las mujeres acumularían rebeldías que las harían estallar. Arthur nos dice en su segunda carta del vidente:
Cuando se rompa la infinita servidumbre de la mujer, cuando viva por ella y para ella, cuando el hombre, — hasta ahora abominable, — le haya dado la remisión, ¡también ella será poeta! ¡La mujer hará sus hallazgos en lo desconocido!. 
Rimbaud moría (1891) y Carmen nacía (1893). Mondragón se adelantó a su época. Tenía que ser Ollin para moverse en redondo y llegar hasta el ciclo que ahora cierra mientras se abre.
Carmen Mondragón poseía una sabiduría natural:
“Es el colmo de la impotencia humana aislar las cosas y ponerles un número, un nombre cuando siempre has existido sin saber ellas mismas cómo se llaman, porque no hay número, no hay nombre que pueda contar, llamar el infinito, el cosmos, pero son los humanos siempre mediocres exploradores de ellos mismos que saben que los elementos, las fuerzas, las cosas, los seres y ellos mismos existían y existirán en la terrible totalidad sin nombre, sin número. ¿Acaso el mundo, la tierra dejaba de existir, los seres de vivir sin medidas, nombres o leyes? No, todo en el fondo es y será siempre lo que fue lo que es en evolución continua. Qué me importan las leyes, la sociedad, si dentro de mí hay un reino donde yo sola soy y por más que hicieran, nunca llegarían a imponer un tráfico en mi reino y sólo superficialmente y eventualmente, tendré que traficar entre los imbéciles gobiernos como quien compra un boleto de camión para transitar en mi período de transición. Todo siempre ha existido sin nombre conocido o desconocido, sin estar numerado en un archivo y nada puede interrumpir esa evolución”.
Y cuánta razón tenía. Nahui Olin evoluciona en las postreras generaciones y entre cada mujer que se sabe infinita.


Tanya Cosío
Guadalajara, Jalisco, México.
Septiembre del 2013.

sábado, 6 de julio de 2013

JA.

La mayoría de los poetas tienen prisa: por ser antologados, por ser invitados, porque los lean... porque los aplaudan... por autonombrarse entre ellos y sus amigos como los que llegaron a cambiar la poesía al mundo... 

Yo no... yo recuerdo aquello que dijo Carlos Edmundo de Ory, algo así como: me estremece pensar que soy un genio... y nadie lo sabe.

JA!